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365 WOMEN A YEAR: ELLAS CUENTAN

Las mujeres que se refugian entre estas páginas pertenecen a una aventura. Y ha sido precisamente ese el motor que las ha rescatado del olvido, o quizá de la ignorancia: la necesidad de unas autoras que se aventuraron a poner el foco en mujeres que, como ellas, forman parte de la historia. Los personajes sobre los que han escrito cumplieron o cumplen un papel relevante y destacan por su contribución a diferentes causas, pero sus nombres no se habían convertido en personajes porque nadie lo había tenido en cuenta. Hasta ahora.
Si esto fuera un cuento empezaría con el consabido «Érase una vez unas mujeres que hicieron cosas singulares…».
Si fuera un ensayo, las primeras palabras serían: «En la era de la digitalización, es inapropiado ignorar la relevancia de un consabido grupo de mujeres…».
Si estuvieran circunscritas a una encuesta, los datos serían: «Menos de un 25% de los autores con representación en los escenarios son autoras».
Convirtamos esto en una novela romántica: «Los rostros de estas mujeres aparecieron tras el cristal desde donde podían admirarse sus enigmáticos ojos…».
¿Y si lo convertimos en un relato de terror? «La mitad de la población descubrió que la otra mitad era salvaje, así que decidió armarse para lo que se avecinaba...».
Si fuera teatro, comenzaría: «365 women a year. Escena uno…».
Y aquí estamos. En la antesala de unas obras de teatro escritas por unas mujeres que se han comprometido con la vida y han decidido que trabajar con sus manos sobre un teclado, un folio en blanco o un escenario vacío es la mejor manera de contar que no estamos solas. Lo que contiene este ejemplar es teatro y es mucho más. Es una proclamación de libertad y conflicto bien escrito. Porque es fácil darse cuenta de que ser mujer es difícil. Basta con ver, leer y escuchar lo que ocurre a nuestro alrededor. La desigualdad no pertenece a datos subjetivos, es real y dura, es tan agobiante que te asfixia como una mano invisible. Y es mucho más cómodo lamentarse, elevar una queja de viva voz o por escrito, y luego irse a dormir. Eso lo hace cualquiera. Tenemos a nuestro alcance muchos medios de expresión. Podemos hacer un blog, escribir un tuit, publicar en Facebook, mandar una cadena de wasaps o manifestar nuestra opinión de muchas otras maneras. Pero comprometerse significa remangarse y trabajar. Y eso es lo que han hecho nuestras autoras, a partir de un movimiento que surgió en Estados Unidos «365 women a year», y que ha inundado el planeta como una marea de acción/reacción. El planteamiento de las autoras americanas era sencillo: escribamos 365 obras al año y hagamos que las protagonistas cuenten. Y que sean mujeres, para variar, igual que las autoras. El efecto no se hizo esperar. Resultó que había cientos de dramaturgas dispuestas a zambullirse en un proyecto tan atractivo y que nunca antes les habían planteado. Una vez puesto en marcha, a «365 women…» no ha habido quien lo parara y en su largo caminar ha pasado por aquí.
Gracias a quienes impulsaron este magnífico «365 women a year», hoy en día se puede celebrar el éxito que tuvo la convocatoria con nuestras mujeres. Mujeres autoras escribiendo sobre mujeres interesantes de la historia pasada o reciente, o lo que es lo mismo: dramaturgas con unos excelentes personajes a los que darles cuerpo y voz. «365 women…» se convirtió rápidamente en una corriente que ha ido llevando ilusión a mujeres que de repente se han visto identificadas en otras mujeres. Y no solo identificadas, sino dignificadas.
Esta es tan solo una minúscula, microscópica más bien, muestra de lo que unas mujeres autoras pueden hacer cuando se unen y planifican una acción conjunta. Igual que en muchos otros países, en el nuestro las mujeres han dicho ¡basta de silencio a nuestro alrededor! ¿No saben quiénes somos?... Bien, pongamos un poco de luz con lo mejor que sabemos hacer: la escritura dramática. Pero estas autoras no han venido a lamentarse, ¿para qué, si las quejas se las lleva el olvido y además provocan urticaria? Han venido a demostrar que cuando una se pone las gafas de la inteligencia, se descubren personajes fascinantes que podrían tener su lugar en la dramaturgia.
Inmaculada Alvear, Beatriz Cabur, Diana Cristóbal, Denise Despeyroux, Yolanda Dorado, Inge Martín, Margarita Reiz y Vanesa Sotelo escriben sobre mujeres extraordinarias, pero tan diferentes entre sí como Carlota O’Neill, Nefertiti, Safo, María Estuardo, Amma, María Blanchard, Jineth Bedoya o Maruja Mallo.
Ellas han sido nuestras primeras representantes de ese movimiento autoral con voz de mujer y sus obras tienen la personalidad de sus creadoras. Están escritas desde el respeto y la admiración, intentando que las protagonistas tomen la palabra y la hagan suya. Y así, una tras otra, nos sumergimos en la aventura del teatro con unas protagonistas que nos llevan de la mano por piezas realistas, mágicas, duras, amables, singulares, y todas ellas sobresalientes.
Hubo puesta en escena de los textos por parte de directoras, también aplausos y agradecimiento del público. Pero lo que cuenta por encima del éxito es la semilla que se ha plantado y que germinará en otros proyectos, otras obras y otras mujeres. Y que fruto de esta experiencia hoy tienen luz propia estos textos que podrán ser representados de nuevo en el futuro.
Ya han empezado a caminar en otros idiomas.

Desde estas páginas, felicidades por creer y crear.

Yolanda García Serrano
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