postheadericon Baraka - Fragmento

DRAMATIS PERSONAE

PIETER
JAN
TOM
MAARTEN
MUJER

ESPACIO: un amplio loft, con vistas sobre la ciudad. Muebles de diseño y quizás algunas obras de arte.




PIETER está hablando por teléfono, viste su ropa de dormir: camiseta y bóxer. Hay solamente una lámpara encendida.

PIETER
Me parece que se ha equivocado. [ ] Sí, soy yo. [ ] Correcto, sí. [ ] Correcto, sí. [ ] Correcto. [ ] Efectivamente. [ ] Corr… efectivamente. ¿O sea que es a mí a quien quiere… contar todo esto? [ ] ¿Cómo que ingenuo? Tengo que hacer verdaderos esfuerzos para no cabrearme. Porque usted… se toma unas licencias… aunque… «ingenuo»… en sí no me desagrada… es casi un halago, pero no de su boca, aunque no le conozca personalmente… Se… se me… [ ] ¡Eso digo yo! Si se tomara la molestia de escucharme, lo habría dicho hace rato. [ ] No me conoce, ni yo a usted, en… persona, así que ¿colgamos? Me parece lo mejor, colgar. [ ] No, un momento… no no no… ahora le está dando la vuelta. Le está dando la vuelta de una manera… no no no… pues nada, ¡buenas noches! (Cuelga. Se ha quedado de piedra. En el prolongado silencio, se sienta como hipnotizado en el sofá. En cuanto vuelve a sonar el teléfono, coge y se pone a hablar.) Usted me pide… si le he entendido bien… pero no puede ser… usted me pide… perdone si digo un disparate, pero me ha parecido entender que tendré que devolver los regalos de mis últimos veintiún cumpleaños. [ ] Ya, pero… si puedo interrumpirle… pero si puedo interrumpirle… ya, pero si puedo interrumpirle, es que… (De pronto, se enfada mucho.) Que podría haber sido más prudente no es el tema. Ustedes podrían haber sido más prudentes. [ ] ¡No! ¡Hombre, no!

[ ] Usted… [ ] Ya… pero usted… [ ] Sí. [ ] Sí. [ ] ¿Pero puedo volver un momento al quid de la cuestión? [ ] Sí, ¿pero podría volver un momento al quid de la cuestión? Usted me pide a bote pronto… no me lo espero en absoluto… me llama a las once de la noche, una falta de educación… nunca nadie me ha dicho nada, y ahora me llama… solo le conozco de nombre… [ ] Claro que sé quién es. El jefe de mi jefe. Desde año y medio es Director General de Cultura, Bienestar y Grandes Urbes y antes estaba en Deportes y Ocio. Pero volviendo a su petición imperiosa… usted… ¿no puede pedirme eso, no? No puede ser. (Y de repente cuelga. Tiene un breve, intenso ataque de llanto. Cuando vuelve a sonar el teléfono, contesta muy emocionado.) ¡Es que no puede ser! ¡No puede ser! ¿Cómo voy a devolverlo todo? [ ] Porque es mío. ¡Sí! ¡No del Ayuntamiento, ni de la concejala, sino mío! [ ] Claro que es legal. Completamente legal. [ ] Los compañeros. ¡Todos! El departamento entero. Los primeros siete años fueron cinco y ahora son once, contando a los dos ordenanzas por uno ya que trabajan a tiempo parcial, uno está media jornada en Cultura y el otro en Bienestar. [ ] ¡Con total apertura y el consentimiento de todos! También del jefe de departamento Vermeulen, así que si quiere hacer preguntas, llame a Jacques Vermeulen, al que usted conoce de sobra porque van juntos a la piscina tres veces por semana y además los domingos montan en bicicleta. Si no hace demasiado viento. Mariquitas de tapadillo. [ ] ¡Mariquitas de tapadillo! (Cuelga. Se da cuenta de lo último que acaba de decir y se asombra de sí mismo.) ¿Mariquitas de tapadillo? (Vuelve a sonar el teléfono.) Lo de mariquitas de tapadillo lo retiro. Perdone. [ ] Lo de mari… [ ] ¿Quién eres?

Se vuelve y ante su sorpresa ve a su actual interlocutor telefónico, con el móvil pegado a la oreja. Le sangra la nariz, lleva una bolsa y una maleta. Con fingido entusiasmo, le dice:

JAN
Hace tanto que no nos vemos.

Oscuro.

***

PIETER, desconcertado, en el sofá. JAN, de pie. Un algodón en cada uno de los dos orificios de la nariz. A lo mejor viste pijama. Su abrigo está en el suelo, junto a su equipaje. Ambos, con una cerveza.

JAN
Bronca, bronca, bronca. Es una palabra tan tópica. Bronca… vamos, llámalo desahogo. Pero pensé: antes de que vaya a más… porque ya sabes cómo funciona… tras veinte años de convivencia, las formas de cortesía se diluyen un poco… No digo que tenga un matrimonio de mierda… a veces nos divertimos todavía. Bueno, a lo mejor «divertir» no es exactamente… divertir… vamos, que a veces nos reímos todavía… Y es lo que dice todo el mundo… hasta arriba pero aburrido, tenerlo todo y sin embargo ese vacío… el sexo es… el último apartado en el presupuesto… En fin, ya se arreglará. Estricta. Rígida. Severa. O más bien constreñida. Joder, qué mujer tan constreñida.

PIETER
¿Quién?

JAN
Conny, ¿quién va a ser?

PIETER
¿Constreñida, Conny?

JAN
Tiene en la cabeza una imagen de cómo ha de ser un buen matrimonio y yo no acabo de cumplir, porque… no es tan sencillo, Pieter… un buen matrimonio depende de la marca de pan tostado que compres o de cómo en un momento de debilidad visualices tu vejez. ¿No me entiendes, verdad? No me entiendes. Es que no se puede entender. Que un hombre y una mujer una vez fueron dos jóvenes que se querían… se divertían… cómo eso evoluciona… se erosiona… se desmorona… no se puede entender. Vamos, tenía sed. Así que me levanto y voy por un vaso de agua. La puerta del jardín abierta. Un poquito de aire. Tranquilidad. Pero ella me sigue. En mi propia casa. Gritando desde el pasillo, yo en la cocina: «¡No te lo perdonaré jamás!». Bueno, no vas a adivinar… en tu vida… Pero de pronto me veo con un tenedor de dos púas en la mano. Como lo oyes. Ninguna cena con invitados, carne rellena, hilo bramante, Nochebuena, nada de nada, la mesa vacía… y yo con un tenedor de dos púas. ¿Te me imaginas? Conny en pijama y yo con el tenedor en ristre. De repente pensé: ahora la cojo y le clavo la cabeza en el perchero. Con el gancho para los abrigos en ese hoyito blando en el cogote… y lo remato con el tenedor. En fin… tonterías, al final no lo haces, claro. Y tú te preguntas por qué, ¿no?

PIETER
No, no me lo pregunto en absoluto. Es más: preferiría no saberlo.

JAN
En la cama me había preguntado, de espaldas: «¿Cómo ves el futuro?». Y en mi inocencia le confesé mi sueño: un barco, una casita en Francia y un apartamento en uno de los canales. Pues nada, me pide que se lo explique. Un barco para… para navegar, ¿no?… esa casita para poder leer y cultivar una viña… y el apartamento en la ciudad para la vida: cine, conciertos. Y me dice: «Yo no aparezco. Te lo imaginas todo sin mí». En fin… de estar con un vaso de agua junto al fregadero, de pronto te ves con un tenedor de dos púas en el pasillo. Pero por lo demás, todo ha ido muy bien. He cogido mis cosas, me he puesto el abrigo… y me fui. Y ahora te preguntas por qué tengo esta nariz.

La verdad es que PIETER no se lo pregunta en absoluto.

JAN
Es que saqué esa puta maleta sin encender la luz. Porque sé perfectamente dónde están en mi casa las maletas. Pues la agarro y se me caen primero un monopatín y a continuación dos viejos palos de hockey. ¿A quién se le ocurre guardar un monopatín y dos palos de hockey encima de las maletas? Ese tipo de… dejadez hace que me cueste ver a unas personas supuestamente inteligentes como algo más que un rebaño de idiotas. Esa indiferencia animal por el orden. Bolígrafos. Cientos de miles he traído de las reuniones del partido, pero cuando quiero apuntar un teléfono, ni uno. ¡En toda la casa, ni un solo bolígrafo! Yo también soy humano, así que a veces necesito una bomba para la bicicleta. En los últimos veinte años se han comprado al menos seis… pero nunca hay una cuando la necesito. ¿Qué hacen con esas bombas? Porque mira por dónde, para eso no es estricta. Eso se llama un agradable desbarajuste. Un caos del carajo es lo que es. Ni un calcetín que case con otro. Ratones en la despensa, pero no se puede echar raticida. No, ¿sabes lo que hacen, Conny y los niños? Antes de abrir, tocan a la puerta. Para que los ratones puedan huir, porque si no se los come Brujo. El gato, ese loco epiléptico. Veinticuatro años tiene el bicho, pero dormirlo… ¡ni hablar!, porque es de cuando Conny estaba en la Universidad. Se mea en el felpudo, de preferencia en mis cartas. En la cocina hay una gotera y debajo, desde tiempos inmemoriales, una palangana. ¿Por qué no llamar a un fontanero? Porque Brujo suele beber en esa palangana. ¿Tú entiendes esa lógica? Llego a casa a mitad de la noche, me apetecen unas patatas fritas. No quedan. O están blandas. Un trozo de chocolate… envoltorios vacíos. Bueno, con un sándwich hacer zapping… no está el mando. ¡Tres mandos a distancia! Y también tres teléfonos. ¡Nunca están! ¿Anoche sabes dónde —tenía que hacer una llamada—, sabes dónde al fin encontré un teléfono? En las braguitas del oso polar de Teddy. Vamos, si todo es posible, ¿por qué lo mío no? ¿Por qué no puedo soñar con un barco y una casita en el campo? Donde esté todo en su sitio. (Se sienta junto a PIETER en el sofá. Le da un cachete en el muslo.) Hombre.
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