postheadericon La piedra oscura - fragmento

PERSONAJES
    
RAFAEL
apenas en la treintena, teniente de artillería
  
SEBASTIÁN
cerca de los veinte, soldado
    
El espacio: Habitación de un hospital militar de campaña en el norte. Cerca el mar.
       
                                        
I
 
CIUDAD SIN SUEÑO
     
Sebastián solo. Llega el sonido del mar. Juega con el fusil. Todo este monólogo con alegría.
 
Sebastián
Aparecieron de repente, como una bandada, por encima de los árboles, justo detrás del bosque. Uno, dos, tres, cuatro —no me dio tiempo a contarlos— los aviones. Como una bandada de pájaros negros. Mi madre lloraba. «¿Por qué, madre? Vienen a ayudarnos. Vienen a traernos la paz. Abre las puertas, las ventanas. Es un día feliz. Tienes que sonreír. Salgamos a la calle a recibirlos. Que sepan que estamos de su lado». Nos reunimos en la plaza del pueblo. «¡Levantad el brazo, saludad a los italianos, que han venido a este rincón del mundo para liberarnos, levantadlo!». Entonces los de la orquesta empezamos a tocar. Una marcha, creo, para recibirlos. Oímos los motores. Alzamos los brazos al paso de los aviones, llorando de alegría.
Y entonces, por encima de los vítores, sonó el primer disparo y luego el estruendo de la primera bomba. Y echamos a correr. En todas direcciones, sin saber adónde. Mi madre me gritó. No entendí lo que dijo. «No te pares», quizá, no lo recuerdo. ¿Adónde ir? La iglesia estaba ardiendo. ¿Adónde ir? A las afueras no, decían que a las afueras estabais esperando vosotros y que era mejor morir bajo las bombas de los italianos. ¡La guerra, la guerra, la guerra! Yo eché a correr por el bosque. ¿Cuántos días fueron? ¿Cuántas noches fueron? Hasta que me encontraron y me dieron agua y este uniforme y este fusil. Mi madre… no, no hay que estar triste. Hay que abrir bien los ojos y estar alerta. Que no duerma nadie. Salgamos de nuestras casas, de nuestros pueblos, y marchemos en formación. ¡Alerta, alerta, alerta! Hay que pelear la tierra arrebatada, la tierra nuestra de cada día; hay que limpiarla del barro de vuestras botas, de vuestros cánticos para que la hereden nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. Que no duerma nadie, nadie, nadie. Porque ha llegado la hora, la hora que tanto quise cuando era un niño, enloquecido por el silencio, por todo ese silencio amontonado sobre mis hombros y yo temía que la vida fuera eso, tan solo eso, y quería que mi corazón se llenara de ruido. Y es idiota pero por eso me hice músico —aunque a ti no te importe porque duermes y no puedes oírme— para llenar mi corazón de ruido y espantar ese silencio que me estaba volviendo loco.
Por eso bendigo esta hora. Cuando los aviones cruzan estos cielos, y los buques cruzan nuestros mares, y las fragatas, y los tanques, y la metralla, y las baterías nos traen el mañana, el mañana que vosotros nos habíais robado. ¡Alerta, alerta, alerta! ¡Subid a los andamios, a los tejados, a las azoteas, abarrotad las fábricas, y las catedrales para esperar el alba! No duerme nadie por el cielo. Nadie. Nadie. Porque la hora ya es venida. Y recuperaremos las calles y nuestras iglesias y nuestro futuro porque ya no os pertenecemos a vosotros, a los que son como tú —nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros amigos— porque ha llegado la hora de separar las sangres y no habrá ni perdón ni olvido.
 
Oscuro.
          
                  
II
 
NOCHE ARRIBA
   
Se ilumina ahora la habitación: una renqueante bombilla eléctrica y la última luz del día que se cuela desde un ventanuco con rejas. SEBASTIÁN, con el fusil en el regazo, lucha por no dormirse, hasta que los primeros movimientos de RAFAEL, en la camilla, le ponen alerta. Algunos portazos y gritos que suenan cerca.
 
Rafael
¿Dónde estamos? (Trata de incorporarse. SEBASTIÁN se levanta y apunta.) ¿Quién eres? (No hay respuesta. Poco a poco parece darse cuenta de la situación. Recorre con la mirada la estancia, los pocos objetos: su uniforme en la otra silla, un lavabo, un espejo, apenas nada.) ¿Por qué no contestas? (Silencio de SEBASTIÁN.)¿Por qué no hablas? (SEBASTIÁN no deja de apuntar, no responde.) ¿Cuánto tiempo ha pasado? (Intenta levantarse.)
 
Sebastián
No te muevas.
 
Rafael
Entonces contesta, maldita sea, ¿dónde estamos?
Sebastián
No grites. ¿Crees que estás en disposición de gritar?
 
Rafael
Contéstame entonces. ¿Y los demás? (Silencio.) Instrucciones.
 
Sebastián
¿Qué?
 
Rafael
Son las instrucciones. Que no hables con el prisionero.
 
Sebastián
Es el protocolo.
 
Rafael
Hay un protocolo.
 
Sebastián
Sí, hay un protocolo. Nosotros tenemos normas, regulaciones. Principios.
 
Rafael
¿Nosotros?
 
Sebastián
Principios. Nosotros sí tenemos principios.
 
Rafael
¿Cuántos años tienes? ¿Diecisiete?