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PERSONAJES

BENI, 45 años

JAIME, 45 años

SUSANA, muy cercana ya a los 40

 

La acción transcurre durante una noche en casa de Beni y Jaime, en su Madrid: un Madrid imperfecto, caótico y voluntariamente libre.

 

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BENI prepara la mesa para una cena especial. Es un hombre XXL con los cuarenta y cinco ya cumplidos que se compra las camisas una talla más pequeña —o dos— para presumir de pectorales o de chichas, quién sabe. La ropa y complementos bien elegidos, la barba bien recortada —ya canosa—, el pelo escaso y una considerable envergadura física contribuyen a hacerle un tipo atractivo (él está convencido de que lo es), algo así como un estibador de diseño.

Se ha remangado la camisa y los anillos de ambas manos hacen «clin-clin» al chocar levemente contra el cristal de las copas cuando las coloca, y las coloca, y las vuelve a colocar sobre la mesa una vez y otra, y otra, y una más incluso, en busca de una posición que satisfaga su bien asumido sentido del buen gusto. Toma una de las copas y la observa. Se oye fuera de escena el sonido de una batidora eléctrica. BENI habla con alguien a quien no vemos, alzando bien la voz.

 

BENI

¿Te acuerdas de cuándo estuvimos en Praga?

 

Nadie contesta. Vuelve a alzar la voz.

BENI

¿En qué año hicimos el viaje a Praga, te acuerdas?

 

La misma falta de respuesta.

 

BENI

¡Jaime!... ¿Cuándo estuvimos en Praga?

 

JAIME

(Dentro, el sonido de la batidora cesa.) ¿Has dicho algo?

 

BENI

¿Recuerdas en qué año viajamos a Praga?

 

Pausa.

 

BENI

¡Jaime!

 

Aparece JAIME, con un delantal por peto y blandiendo la batidora, como un San Jorge laico y doméstico en busca de su dragón.

 

JAIME

Qué pasa.

 

BENI

Que con los años te estás quedando sordo.

 

JAIME

¿Y para oír esto me haces salir de la cocina?

 

Sale JAIME.

BENI

¡Solo quería saber en qué año estuvimos en Praga! (A gritos.) ¡En Praga!

 

JAIME

(Dentro.) ¿Qué?

 

Por el sonido suponemos que JAIME está batiendo algo, esta vez a mano.

 

BENI

(Ya fuera de sí.)… ¡Que solo quería saber…!

 

JAIME

(Dentro.)… ¿En Praga, dices?

 

BENI

¡Sí, por Dios, Jaime, en Praga, en Praga, en Praga, capital de la República Checa, bañada por el Moldava, ciudad de Kafka y del goulash, una de las más bonitas de Europa, la misma en la que tú y yo pasamos una semana absolutamente inolvidable cuando éramos, (Se detiene, piensa rápido.) cuando no éramos más que… Bueno, cuando éramos más jóvenes aún!

 

Cesa el ruido: JAIME ha dejado de batir. Un momento de silencio. Aparece otra vez, ahora blandiendo la batidora de mano. BENI le observa.

 

JAIME

¿Tú crees que con cuatro claras, a punto de nieve, tendremos bastante?

 

BENI

¿Cuatro para tres?

JAIME

Ahá.

 

BENI

Más que suficiente.

 

JAIME

Perfecto… (Volviéndose a BENI, justo antes de regresar a la cocina.) Mil novecientos noventa y cinco.

 

Sale.

 

BENI

¿Tanto? (BENI continúa poniendo la mesa, con un aire absorto.) En el noventa y cinco… (Por las copas.) Pues es un milagro que sigan intactas.

 

Entra de nuevo JAIME, esta vez sin delantal. No hemos dicho que es un hombre de edad similar a la de BENI pero de envergadura contraria. No tan alto como su compañero, más bien delgado y con el cuerpo de quien lo cuida bastante sin pretender, en absoluto, parecer un jovenzuelo. Las gafas le dan un cierto aire vulnerable y reflexivo que matiza y hasta potencia un atractivo maduro: muchos y muchas fingirían atender a cómo diserta sobre una película mientras lo imaginan en la ducha o desnudito sobre el sofá. JAIME atraviesa la escena con la intención de salir por el lado opuesto al que entra. Se dirige a BENI sin mirarlo.

 

JAIME

Echa el vino en el decantador para que se vaya aireando y estate atento a la cazuela de los solomillitos no vaya a ser que la salsa se reduzca demasiado, si quieres puedes ir trayendo los platos de los entrantes y corta un poco de queso, del curado, que seguro que le va más al vino que hemos comprado, lo pones en un plato pequeño con unas cuantas regañás y así el pan lo dejamos para la carne, ¿te parece…? O, si no, corta un poquito, unas cuantas rebanadas para el jamón, ¡o no!, mira, mejor sin pan que así engordamos menos, el jamón sácalo de la nevera y que sude un poco, mientras tú haces todo eso yo me doy una duchita, que con tanta actividad…

 

BENI ha estado atendiendo a la retahíla inmóvil.

 

JAIME

Con tanta actividad, huelo a fiera…

 

JAIME avanza hacia él: se dan un ligero beso.

Sale JAIME.

 

BENI

¿Y de lo de antes, qué? (Pausa. Sube la voz.) ¿Qué me dices de lo que hablábamos antes? (Pequeña pausa.) Joder con la fiera, madre del amor hermoso: sordo como una pitón.

 

JAIME

(Dentro.) Yo sordo como una pitón y tú, venenoso como una cobra... ¿Has visto mi camisa roja?

 

BENI

… ¡Me ignoras!

 

JAIME

(Dentro.) Me niego a hablar otra vez del tema.

 

BENI

Pero, ¿por qué?

JAIME

(Asomando la cabeza.) Porque ya lo hemos tratado cientos de veces y nunca hemos llegado a ninguna conclusión, todo lo que conseguimos es enfadarnos.

 

BENI

¿Y no será precisamente ese el problema, que no hay que hablarlo tanto sino…

 

JAIME

…Venga, Beni, déjalo ya…

 

JAIME vuelve a ocultarse.

 

BENI

… Es que tampoco hay que darle tantas vueltas, digo yo: un hijo no es como meterse en una hipoteca o hacer una tesis doctoral, si se piensa tanto no se tiene, y hay cosas a las que hay que lanzarse de una vez por todas, con un par, ¿o no?, hay que dejarse llevar por lo que uno siente, lanzarse y punto. ¿O es que nos lo pensamos tanto cuando nos fuimos a vivir juntos, eh, tú te lo pensaste tanto? (Pausa.) ¿Me oyes?

 

JAIME

(Dentro.) Ahá.

 

BENI

¿Te das cuenta de lo que habría ocurrido si antes de tomar una decisión te paras a pensar en tu familia o en lo que diría la mía, o en la salida del armario o en lo difícil que era empezar una relación seria con otro tío allá, hace veinte años, ¿eh?, ¿a que no le diste tantas vueltas? ¿Y por qué, a ver, qué pasa? ¿Es que ahora tienes miedo o qué? ¿No te das cuenta de lo verdaderamente importante? (Pausa. JAIME no contesta.) Para mí, a ver si te queda claro, lo auténticamente importante…

 

JAIME

(Trayendo en sus manos la camisa roja y el resto de ropa para cambiarse.) Lo más importante es quererse. «L’important c’est d’aimer».

 

BENI

¿Qué?

 

JAIME

Romy Schneider y Fabio Testi, dirección de Andrzej Zulawski, la vimos en la filmoteca y te encantó, ¿ya no te acuerdas?

 

BENI

Pues no.

 

JAIME

Pues te encantó. Dijiste: «Cómo me gusta un buen dramón de vez en cuando».

 

BENI

Jaime: no me cambies de tema.

 

JAIME

No lo cambio, lo zanjo…

 

BENI

… ¡Pero si estamos de acuerdo! Yo también pienso que lo importante es quererse…

 

JAIME

Entonces, si me quieres, olvida el asunto…