postheadericon Sólo con tu amor no es suficiente - Fragmento

DRAMATIS PERSONAE

Actriz 1: Arrupe. María. Militar. Enmascarado 1
Actor 1: Karol. Pablo. Josete. Suplicante 1
Actriz 2: Ludmila. Actriz. Edurne. Suplicante 3. Enmascarado 2
Actor 2: Virgen de Czestochowa. Maestro Wemba. Juan Pablo II. Médico
Actriz 3: Japonés. Megumi. Niño testigo del accidente. Suplicante 2


PRÓLOGO

A veces me das miedo, estoy a tu merced. A veces dudo de que esta soledad a la que me has condenado tenga un mensaje. Aun así no pienses que no soy agradecido. Cualquier persona que se quite la ropa frente de mí me parece heroica. Me dices: eres obsesivo. Yo te digo: Crema, crema, crema. Tú escupes en tu mano y me limpias una mancha de la cara. Cada mañana te traigo facturas para que jures tu amor sobre ellas. Acatas por imperativo legal y sales hacia el Metro. Yo cojo tu tostada, inacabada por las prisas, dentada, mojada y la clavo en la pared y me quedo mirándola todo el día hasta que, a media tarde, oigo tus pasos en la escalera. Voy corriendo a la puerta, con ganas de entregarme a ti, mi ropa interior moteada de gozo. La puerta se abre y no eres tú. Es el empleado del gas, toca revisión. Aun así estoy realmente feliz porque necesito compañía. El señor del gas y yo tomamos un café y le digo: ¿algún día podré empezar a existir? Él me mira fijamente y me contesta: «La caldera está bien, en el caso de que la llama tenga un color amarillento o empiece a oler a gas, apáguela, cierre la llave, abra las ventanas y póngase en contacto con nosotros, pero pregunte por otro operario». Le pago con tarjeta, él deja que le bese, sin lengua, y se va y yo sigo en el fondo de tu abismo.


ESCENA I

Unos zuecos iluminados.

Cuando el ejército alemán invade Polonia en el año 1939, dando comienzo a la Segunda Guerra Mundial, hace los zuecos obligatorios para toda la población por dos razones: es imposible que nadie pueda huir muy lejos calzando zuecos y éstos siempre hacen un ruido característico al andar. Los zuecos son enemigos del sigilo, el invitado ruidoso a la fiesta. No puedes matar a alguien mientras duerme, ni sorprender a un enemigo por detrás si calzas zuecos. Con el tiempo, la evolución en el diseño del calzado, ha hecho que sea más fácil matar a gente con comodidad: en los ochenta, las Air Jordan eran letales porque el agresor prácticamente flota mientras se desliza hacia su víctima; eso sí, tenían una pega: valían un ojo de la cara; un pobre, si quería ser sigiloso, sólo podía matar descalzo. Pero la técnica evoluciona, el trabajo local se externaliza a Asia y los costes bajan: en nuestros días es fácil matar a cualquiera con el único ruido de fondo de tu respiración mientras llevas unas zapatillas de supermercado tan cómodas como las caras de diseño, pero sin colorines. Es la marca blanca. La marca blanca nunca se mancha las manos. Pero eso es el futuro. Ahora estamos hablando de hoy. Hoy es 1942. Y estamos en Cracovia, ciudad polaca ocupada por el ejército nazi. El río Vístula se ve desde cada ventana. Karol Wojtila, dramaturgo, director, actor y poeta polaco, intenta dominar su ansiedad.  
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