postheadericon Tour de force - extracto

PERSONAJE

PÚGIL


CALENTAMIENTO

EN EL RING


En el escenario, vemos entrar a un joven Púgil rodeado de dos maniquíes —uno femenino y otro masculino— calentando para un combate en el que desconoce a su rival. En el centro, entre ambos maniquíes, un punching ball. Nuestro púgil se dirige al busto masculino, al que trata de provocar para que le acompañe en su entrenamiento. Y en su peculiar viaje hacia el pasado.


Púgil
Hay que moverse rápido. Ser astuto y muy rápido. Adivinar los movimientos del contrario. Vamos. Muévete.

Deprisa. Fíjate. Intenta poner más atención. Venga. ¿No irás a abandonar ahora? Tú no. Tú llevas demasiado tiempo esperando esto. ¿No es verdad? Un buen combate. Un KO. La vida no se juega nunca a puntos. Se juega entera. Se juega a cada instante. Con un par. Porque el tiempo tampoco quiere victorias técnicas. El tiempo es un cabronazo que se ríe de nosotros en el ring. Que se dobla, como los relojes de mi amigo el pintor. Que se rebela contra nosotros, como los versos de mi amigo el poeta.

¿Sabes ya quién va a ser hoy tu oponente? Tendrás que averiguarlo cuanto antes. Porque este tiempo está a punto de dejar de existir. Desaparecerá en cuanto alguien —él, tú— caiga sobre la lona. En ese momento, este país se volverá irrespirable. Pero aún nos queda tiempo. Unos años de... Años de... Recuerda. Venga, joder, recuerda. ¿Años de qué? ¿En dónde? Años de juventud en Madrid. En la Residencia. Y en París.

No bajes la guardia. Ahora no. Debes estar listo para lo que se nos viene encima. La borrachera de los 20 y la resaca de los 30. Ese maldito tres... El tres del 36. El tres del 39. El tres de la santísima y aburridísima trinidad. El tres de una amistad que acabó en un ring muy parecido a este. El pintor. El poeta. El... ¿quién coño eres tú? Eres tan inmortal como los objetos que te rodean. Que te obsesionan:

   El anillo que alguien se acaricia justo ahora.

   El reloj que marca monótono el paso del tiempo.

   Los focos que excitan el sudor.

   Los guantes que clavaremos en el contrario.

   Las cuerdas con que atamos los recuerdos.

   El número de teléfono que apuntamos con pensamiento obsceno.

   La cama con el Cristo voyeur sobre su cabecero.

   El cubo de basura lleno de cuerpos mutilados.

¿Solo quieres ser eso? Psicólogo de objetos. De lo que nos ata y nos obliga sin que nos demos cuenta. Y cada objeto es un combate. Y cada fetiche es un orgasmo. Y cada amuleto es un temor. Porque un ser humano no es más que un maldito collage sin carne, sin miembros, sin alma, solo un montón de objetos muertos encima de la cama.

    Unas botas.  Unos guantes.  Una vieja navaja.

Vamos, ahora sí. Ahora ya estamos listos.

¡Sube al ring de una vez!

Y que gane el mejor.

Suena la campana que anuncia el primer asalto. En adelante, cada asalto comenzará y terminará con el sonido de esa misma campana, marcando el ritmo del combate.