postheadericon Una extraña comedia - Fragmento

DRAMATIS PERSONAE

SER HUMANO 1
Un ser humano

SER HUMANO 2
Otro ser humano

ENGENDRO
Un mayordomo invisible e inaudible


ACTO I

ESCENA I

Espacio vacío. Entra un hombre, un hombre cualquiera, o una mujer, da igual. El caso es que entra un SER HUMANO. Su aspecto parece sacado de una ilustración de Edward Gorey. Se le ve abatido, destruido, desesperado, deprimido. Se sienta en el suelo y mira al horizonte, melancólico, como un héroe romántico. Piensa, piensa, piensa y lo que piensa le lleva a sufrir enormemente. Se muestra inquieto, camina nervioso, da vueltas en círculo, se lleva las manos a las sienes, le duele la cabeza, el alma... No parece soportar más presión. Grita lleno de cólera y frustración. Suelta algún improperio. Se acurruca en una esquina y llora, llora desconsoladamente. Murmura y solloza en un idioma inventado que no comprendemos, pero entendemos que tiene un dilema existencial. El dolor le hace arrastrarse por el suelo, rodar por las paredes, implorar clemencia a Dios... Sufre, sufre muchísimo, sufre, sufre, sufre... Ya no puede más con su vida y decide acabar con ella. Saca una navaja de afeitar y se la lleva a la muñeca. Pero no es tan fácil y duda. Aparta la navaja de sus venas, piensa, la vuelve a acercar, piensa, la vuelve a dirigir a su muñeca... Está inmerso en un mar de dudas, pero finalmente se decide. Poco a poco, con solemnidad, coloca la afilada hoja en su muñeca y cuando está a punto de actuar...

SER HUMANO
(Recordando.) ¡Nabokov! ¡Vladimir Nabokov, claro! ¡Vladimir Nabokov!

Respira aliviado, sonríe. Guarda la navaja y se va tan pancho y feliz.

Oscuro.


ESCENA II

Es de noche. El SER HUMANO está sentado en un banco de una plaza del casco histórico de cualquier ciudad de la vieja Europa (todo esto nos lo imaginamos, ya que no hay escenografía que así nos lo muestre). Lee distendidamente el periódico, parece estar cansado, aburrido. Cierra los ojos y, de repente, entra otro SER HUMANO, al que llamaremos (como la lógica matemática nos enseña) SER HUMANO 2. Va ataviado igual que su compañero.

SER HUMANO 2
(Hecho una furia. Al SER HUMANO 1.) ¡Mala muerte le alcance a usted, a su descendencia y a su ascendencia por vía paterna!

SER HUMANO 1
(Con parsimonia, le mira.) ¡Jonás! ¿Qué te ocurre?

SER HUMANO 2
(Sorprendido. Paranoico.) ¿Cómo sabe usted mi nombre?

SER HUMANO 1
Porque eres mi hermano.

SER HUMANO 2
(Algo descolocado.) ¿Desde cuándo?

SER HUMANO 1
No lo recuerdo, era muy pequeño.

SER HUMANO 2
(Satisfecho con la respuesta.) ¡Ah!

El SER HUMANO 2 toma asiento junto al SER HUMANO 1. Silencio. Ni se miran. Al poco el SER HUMANO 2 cae en la cuenta de sus malos modales y le tiende la mano al SER HUMANO 1.

SER HUMANO 2
Hola, me llamo Héctor.

SER HUMANO 1
(Tomándole la mano de buen grado.) Lo sé.

SER HUMANO 2
¿Y eso?

SER HUMANO 1
Nos conocemos, ¿no recuerda?

SER HUMANO 2
¡Ah, claro! ¡Qué somos hermanos!

SER HUMANO 1
(Ríe con superioridad.) ¿Pero qué sandeces dice, buen hombre? (Explicativo.) Hace seis meses cruzamos nuestras miradas una centésima de segundo en el centro de la ciudad durante las fiestas de la natividad cristiana. Yo, sin venir a cuento, le entregué mi tarjeta de presentación y jamás se puso en contacto conmigo. Desde entonces le odio con toda mi alma y también dejé de comer pomelos. ¿No lo recuerda?

SER HUMANO 2
Sí, le resultaban pornográficamente agrios. De eso me acuerdo, pero de lo otro no. Tampoco es de extrañar, tengo la misma memoria que un boquerón en vinagre. Verá es que padezco una inusual enfermedad neurológica: «Golpe con martillo de tapicero». Poca gente la sufre. Salvo Trotsky, pero lo suyo fue con un piolet, así que, técnicamente, no es lo mismo.

SER HUMANO 1
Golpe con martillo de tapicero. ¿Una de esas enfermedades con el nombre de una profesión?

SER HUMANO 2
Sí, el que me hundió el cráneo era tapicero.

SER HUMANO 1
(A lo suyo.) Como el codo de tenista, el pie de atleta...

SER HUMANO 2
El brazo de gitano... (Pausa.) Siempre he pensado que el que elaboró por primera vez un brazo de gitano debía de ser un sádico. No es natural que una persona le ponga el nombre de un miembro humano a un pastel si previamente no ha tenido el oscuro deseo de comerse ese miembro de una persona perteneciente a esa etnia. (Cae en la cuenta.) A lo mejor era una especie de sustitutivo. O un error: (Simula una conversación.) «¡Ummm! ¡Qué rico este brazo de gitano!». «Me alegra que le haya gustado el pastel». «¡Ah! ¿Es qué era un pastel? ¡Devuélvame inmediatamente mi dinero, monstruo!».

SER HUMANO 1
(Sin interés alguno.) Ajá. (Pausa.) Disculpe, es que no le estaba haciendo ni puto caso. (Señalando el periódico.) ¿Ha leído usted este artículo?

SER HUMANO 2
No, el periódico lo tiene usted, me ha sido físicamente imposible.

SER HUMANO 1
Gran verdad, hombre con severo retraso mental. Procederé a leérselo, con sumo gusto.

SER HUMANO 2
¿Qué es lo que consume?

SER HUMANO 1
Gusto. (Lee el artículo.) «Por fin, en el barrio judío de la ciudad, se ha erigido una estatua de un oso hormiguero...».

SER HUMANO 2
(Interrumpiendo.) «¿Por fin en el barrio judío?». Lo dice como si en el resto de la ciudad hubiera estatuas de osos hormigueros por todas partes y fuera obligatorio instalar una.

SER HUMANO 1
Es que lo es.
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