Entrevista a José Aurelio Martín
JOSÉ AURELIO MARTÍN, además de poeta y dramaturgo es profesor en un instituto de Medina Sidonia. Esto, sin duda, ha condicionado su visión de la literatura.
EA - ¿Qué diferencias encuentras entre la literatura que estudiaste en la Facultad de Filología hispánica y la literatura que tienes que enseñar a los alumnos, la literatura que ellos te demandan?
JAM - Bien, los alumnos no demandan literatura en principio, lo que sí demandan son historias, eso, cualquier ser humano dotado de lenguaje, constituye una marca de la especie: todos necesitamos darnos o dar una narratividad a la vida y a nuestra vida.
Ellos no piden literatura, porque eso es una asignatura y no muy bien planteada en el sistema educativo, por tanto, aburrida si es concebida como un catálogo sin más de nombres, fechas y señores con bigote; lo que sí me piden son historias interesantes, que les llegue, que se comunique con ellos, Clases y Clases, por ejemplo, mi obra de teatro, les llega porque la obra desarrolla estrategias de identificación muy claras, pero también les conmueve Cualquier lugar, cualquier día, la obra de Ignacio Pajón, o incluso La Pieza, de Antonio López Piña, a pesar de los planteamientos ricos y densos que propone el autor.
De modo que la gran Literatura forjada por la universidad apenas tiene espacio en los tan humildes y baqueteados institutos de sencundaria, pero resultan tan fascinantes las historias que se cuentan unos a otros …
Sabemos, además, tu implicación con el teatro dentro del aula y tu esfuerzo por conseguir que se convierta en un teatro de calidad.
EA- ¿Cómo ven los alumnos el hecho de trabajar el teatro dentro del aula como si fuera una asignatura más?
JAM - Bueno, lo primero, vaya por delante: el teatro como representación está desterrado del currículo; si el teatro cuaja en un instituto es debido al esfuerzo desinteresado de alumnos y profesores que, fuera del horario escolar, trabajan generosamente por una idea: revitalizar el teatro en los centros de secundaria. La calidad es un término ambiguo: a veces, un espectáculo profesional tiene calidad y sin embargo nos deja indiferentes; yo hablaría de dignidad, de dignificar el teatro en secundaria, no sólo por parte de los actores, también por parte del público. A veces, en las ya muchísimas representaciones por centros escolares, ante públicos muy difíciles que solo querían reventar la obra, hemos comprobado cómo entraban fácilmente en el juego teatral y luego aplaudían a rabiar, valorando la valentía de los alumnos y la calidad de su trabajo.
EA - ¿Crees que es un buen método de enseñanza y motivación utilizar el juego dramático para explicar determinados conceptos interdisciplinares y transversales?
JAM - Sí, sin duda, de hecho así empezó todo, nuestra andadura empieza con la puesta en escena de una obra, Cualquier lugar, cualquier día, que trata el tema de la guerra a lo largo de la historia. Al calor del proyecto ESCUELA ESPACIO DE PAZ divulgamos la obra de Ignacio sin descuidar los aspectos formales y representativos que debe tener toda obra. Con una economía muy depurada de medios, tantos escénicos como interpretativos, montamos una obra que, para mí lo más importante, motivó a muchos alumnos a seguir estudiando e investigando en la historia y admiró a muy diferentes públicos, conmoviéndolos y haciéndolos reflexionar sobre el valor de la paz y el fracaso de la inteligencia que supone toda guerra.
Tu lucha por conseguir un teatro de alcance no pasa solo por hacer que los alumnos y profesores de tu centro de enseñanza y de otros centros se vuelquen con la actividad, sino que tu compromiso también es intelectual. El teatro se representa pero también se lee.
EA - ¿Es necesario leer teatro en los institutos?
JAM - Sí, sin duda, precisamente un grupo de compañeros en unas jornadas sobre lectura en Jerez de la Frontera, analizamos el valor del teatro como lectura en sí y también como estrategia de animación a la lectura. Allí dejamos claro que cualquier texto, especialmente dramático, teatralizado en clase, suscita interés y, sobre todo, provoca la atención de los alumnos, cosa tan difícil de conseguir en la actualidad. La literatura dramática, además, cuenta con historias fascinantes y, sin embargo, el teatro sigue siendo la cenicienta de los géneros a la hora de programar lecturas…
EA - ¿Cómo está funcionando la idea pionera que habéis lanzado un grupo de profesores de acompañar las obras de teatro con una guía de lectura válida tanto para el profesor como para el alumno?
JAM - La idea surge de unas compañeras de trabajo: Concha Caro y Lola Díaz, y surge de una necesidad de acompañar las lecturas teatrales con unas guías que, además de guiar, profundizan, proponen nuevas visiones y sugieren un trabajo de investigación más personal. Por lo que me dicen varios compañeros de distintos centros, las guías, especialmente la de Clases y Clases (por Lola Díaz), la de Cualquier lugar, cualquier día (por Concha Caro) y la de La Pieza (por José Aurelio Martín), están siendo un éxito, tanto por la originalidad de las actividades, como por los trabajos interdisciplinares propuestos, así como los talleres de teatro y escritura que se incluyen.
Tu relación con el texto dramático es muy peculiar, porque has conseguido engachar a los alumnos con la obra Clases y clases (Ediciones Antígona, 2010), pero además también has involucrado a varios profesores para los que has escrito la obra Sostenes (Ediciones Antígona, 2011).
EA - Partiendo de esta experiencia, ¿cuál crees que debe ser la función del teatro? ¿Qué dimensión debe alcanzar el texto dramático?
JAM- Para mí la función del teatro está muy clara; para el público, debe entretener y hacer reflexionar, para los ejecutantes (actores, escenógrafos, iluministas, músicos, etc.) les debe entusiasmar y deben sentir la responsabilidad de que su objetivo es comunicarse con un público que hay que respetar escrupulosamente, un público y una sociedad, además, que son los que nos permiten jugar, hacer teatro (sin su presencia, no hay teatro); minusvalorar al público, subestimarlo, es una falta de respeto, tanto o más que adularlo interesadamente…
Mi objetivo, nuestro objetivo, es mover, conmover, en definitiva, comunicarnos con un público dentro de una sociedad concreta. El teatro es una creación colectiva que debe tener una repercusión también colectiva, social. Entiendo y sé que esta concepción es antigua, trasnochada, trascendida por las dramaturgias contemporáneas, escépticas ante los grandes discursos, intelectualizadas, menospreciadoras del público en muchos casos («la gente no entiende»), en fin, un teatro que corta deliberadamente la comunicación con el público y que se arriesga a enroscarse en un callejón sin salida de sinsentido.
EA - Por último, sabemos que has ganado algunos certámenes de poesía, ¿será tu próximo proyecto literario un poemario?
JAM - La poesía es un género que respeto mucho. He intentado siempre acercarme a él con más o menos fortuna, a veces ha sido una escapada, a veces unas ganas de deslumbrar, a veces una necesidad…, cuando lo he hecho por necesidad y además me he reconocido en lo escrito, he sentido la poesía como un género pleno. El teatro, sin embargo, es otra cosa, siento una gran responsabilidad cuando lo escribo, entre otras cosas porque escribo por una necesidad concreta: cuando me lo piden mis grupos de teatro…, de ahí su carácter colectivo.
Si me he decidido a publicar teatro (además que EDICIONES ANTÍGONA haya creído en mí) es porque detrás había un grupo humano para el que la obra ha sido referencia, no por prurito narcisista. Tengo que encontrar el punto a la poesía para que trascienda la dimensión individual y se abra a espacios más comunicativos… En cualquier caso para mí la escritura no es un resultado, es una ruta…
PREGUNTA A CIEGAS: ¿Puedes dejarnos una pregunta para nuestro próximo autor?
¿Cuál es tu motivación última y tu objetivo primero en tu escritura?





